sábado 21 de mayo de 2011

En la noche de San Lorenzo



El hombre pintó el cielo de la noche con luces de colores. Pero el negro era tan profundo que se comía los estallidos furiosos con la calma impasible del que se sabe fuerte. Una y otra vez los brochazos sucumbían avergonzados hasta que solo fueron ecos en las retinas de los espectadores. Terminada la batalla una ligera brisa arrastró la nube de humo y el olor a pólvora por entre los barrancos, por entre las calles y los cuerpos del gentío. A las pocas horas el valle estaba desierto y en silencio dormía acurrucado. Entonces, el cielo apartó las nubes y dejó ver las estrellas titilantes para el asombro de cuatro insomnes.