martes 29 de marzo de 2011

Regalos de Navidad





Se confabularon la Navidad y el divorcio de mis padres para traerme los regalos más deseados. La consola, los patines, una bici nueva… Los paquetes se amontonaban bajo el árbol y tapaban los zapatos de mi madre, las alpargatas de mi abuela y mis deportivas. Tras abrirlos, cuando el salón era un sembrado de papeles multicolor y yo un niño nervioso que no sabía a dónde mirar sonó el timbre de la puerta.
Entró de la mano de mi madre y traía un paquete en las suyas.
—Mira, cielo. Quiero que conozcas a Raúl —dijo ella.
—¿Qué hay campeón? Esto lo dejó Santa Claus en mi casa para ti.
Yo no dije nada.
—Cariño, Raúl es un amigo de mamá. Un muy buen amigo. —Tragaba nudos de saliva.
Mi abuela hizo mutis por la puerta de la cocina.
—Voy a terminar de hacer ese mus de boniato que tanto te gusta —se excusó.
—¿No vas a abrirlo, amor mío?
Era una película de dibujos animados, la que había pedido, pero mis ojos estaban pegados a sus manos unidas y al jugueteo nervioso que se traían.
—¿No le das las gracias?
Negué con la cabeza sin abrir la boca. Él, doblado por la cintura, ponía su cabeza casi a la altura de la mía.
—Escúchame cielo. Verás, Raúl y yo somos novios. ¿Entiendes?
Le tendí la película y dije tajante y con rabia.
—No la quiero, es una mierda.
Raúl sonrió y acercando su mano a mi cara la palmeó suavemente. Tal vez la confundió con una pandereta, pues lo que dijo me sonó a estúpida letra de villancico.
—¡Qué simpático el chiquitín!
Raúl, la Navidad, los adornos y los ecos de los cascabeles, antes de dos meses, cuando sonabann las primeras chirigotas, sólo eran recuerdos del pasado.