lunes 7 de marzo de 2011

Nueva York



No quedaba tanto para llegar a su destino; al frente se veían las columnas que lo enmarcaban. Cuando estaba a solo un centenar de metros cerró los ojos y le pudieron todas las dudas.
El fuego purificador borró a pecadores y pecados en un aliento de dragón. Arriba, el cielo indiferente; abajo, asustada al descubrir que la puerta del infierno se abría sobre ella, Nueva York.